Bendito Post Parto

Por qué nadie me dijo sobre esto?

¿Por qué me siento tan sola y cansada?

¿En qué estaba pensando?

Eran algunas de las preguntas que venían a mi mente mientras sostenía a  mi hijo recién nacido en mis brazos. Su llanto, ese llanto que me perforaba el alma, que no paraba, que era cada vez más intenso y que hacía mi propio llanto fluir.

No me atrevía a verme a los ojos al espejo. No reconocía a esa mujer pálida, ojerosa y apagada que me veía, tratando de encontrar algo, lo que fuera que hubiera quedado de mi.

Comencé a perderme en un mundo atemporal de amamantar, cambiar pañal, arrullar, amamantar, cambiar pañal y arrullar, día y noche, noche y día. No quería salir, me aterraba que mi hijo pudiera enfermarse o se pusiera a llorar y yo ahí sola sin poder controlarlo. Prefería esconderme en mi casa. Si alguien venía a acompañarme era fiesta, incluso esperaba ansiosa a la señora que me ayuda, sentirme acompañada era un refugio. Mi esposo siempre estuvo pendiente, tratando de entender cómo ayudarme, y aún así, yo seguía perdida.

Hubo un día que fue el parte aguas, me recomendaron el libro de Laura Gutman: La maternidad y el encuentro con la propia sombra. Y entonces entendí. Entendí que no solamente era ser madre y haber decidido no volver a trabajar, esos dos grandes cambios en mi vida eran solamente la punta del Iceberg. Estaba conectada con mis sombras, mis miedos, el deber ser, el eterno vaivén de consejos “bien intencionados”, las noches de desvelo, el cansancio acumulado, mi decisión de encerrarme… y la energía de todo mi linaje. Y necesitaba hacer algo con eso, porque ahí parada me estaba hundiendo.

Comencé a leer, a estudiar, a escribir, escribir es tan sanador. Acepté mi sentir, y una tarde tomé a Leo en mis brazos, tal vez tenía mes y medio y lloré, lloré por la culpa, por el miedo, por la incertidumbre, lloré y le pedí perdón porque no sabía lo que estaba haciendo, y le dije que su llegada era el regalo más grande, pero también el más indescifrable, que estaba removida, que tenía miedo, que sentía en el alma no ser esa mamá de comercial o película, era realmente un desastre, y en medio de ese caos, le hice saber también que lo amaba, y que ese amor que nos teníamos nos iba a sacar adelante. Lloré toda la tarde, y él, por el contrario, dejó de llorar. Es cierto eso que dicen que los bebés lloran lo que la madre guarda.

El día siguiente, y el siguiente, me dispuse a estudiar, a leer, a prepararme pero con honestidad, enfrentando esas sombras con amor, con disposición, elegí cambiar mi perspectiva. Leí tanto sobre postparto… y me dio mucha tristeza toparme con que realmente en México no existen protocolos de salud pública al respecto, es decir, si tienes depresión post parto te dan un antidepresivo que eventualmente restaura la química cerebral, pero el alma, las emociones, esas necesitan atención. No solamente una depresión postparto requiere seguimiento, todos los postpartos requieren apoyo.

Poco a poco saqué a la luz mi sentir, en algunos grupos de mamás encontré historias muy similares a la mía, mujeres que habían pasado por ese pasillo obscuro sin haberlo compartido. Me acerqué a otras mujeres que iban a parir para platicarles mi experiencia sin afán de espantarlas, si no de abrir una puerta de comunicación. La mayoría de ellas me escribió después para desahogarse, pedir apoyo… y entonces lo supe. Ninguna experiencia que sucede en la vida es en vano, mi experiencia postparto ocurrió así y fue tan perfecta, porque me estaba encaminando a esto.

Hubo una convocatoria para participar en un proyecto online de 200 madres alrededor del mundo contando sus experiencias desde la honestidad con el corazón abierto, envié mi historia y me seleccionaron. Mamamorfosis es un libro digital de descarga gratuita que remueve emociones, es impresionante la similitud de experiencias en la maternidad. Y a pesar de eso, hemos elegido callar. Nadie habla abiertamente de esos primeros días de adaptación, prácticamente nadie dice lo perdida que está, poca gente reconoce que su relación de pareja está de cabeza y ni hablar de las emociones, el cuerpo, el cabello, la lactancia y la crianza.

Así surgió Bendito Postparto. Un espacio de neutralidad, de compasión, de apoyo a todas las mujeres que están pasando por ahí. El proyecto tiene pocos meses de haber surgido, irá tomando forma con el paso del tiempo, pero prácticamente son talleres, cursos, guía espiritual y emocional, seguimiento en grupos de apoyo con madres que están dispuestas a dar la mano a quienes están pasando por esa transición. Todas las mujeres que se convierten en madres necesitan saber que SI es normal tener emociones removidas, sentirse perdida, no feliz, incómoda, sola; y que NO es normal pasar por eso en silencio por la culpa o el miedo. Necesitamos abrir espacios de honestidad y comunicación, porque mientras más rápido se abre, más rápido se cura.

Definitivamente ser madre consciente es un reto y grande, porque implica deshacerse, ver para adentro, reinventarse y romper paradigmas; pero para mi, es el acto de amor más grande que puedes tener hacia ti misma y hacia ese ser que te ha elegido como su madre y hacerlo acompañada es de verdad el mejor regalo que te puedes hacer.

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